A las 6,20 hs. desde Bernal (Quilmes) partimos dos camionetas:
En la Hilux viajaron:
Ernesto Jordán (Toyoloco, cuyos antecesores salieron del río Jordán, mezcla de Palestinos e Israelitas, que luego compartieron sangre alemana y finalmente parte de la flema Inglesa) su esposa María Ester (La Pío, abuela multiuso)
Rodolfo Nemiña (Rulo, excelente futbolista de los 60 de Quilmes, de Newels, Gimnasia de la Plata y de Dock Sud (donde aprendió que las mujeres siempre piden de la misma manera “dame dos del lado del tronco”, fanático de andar, pero sin gastar gasoil, gastando zapatillas) su esposa María Eugenia (Mariu, empresaria y contadora de cuentos verdes, amarillos, azules y de lo que venga)
María Susana (Susy, zoóloga o mejor dicho bichóloga, por eso me eligió a mí por marido)
En la X-terra viajaron:
Fernando (mi hijo, ingeniero en alimentos pero futbolista frustrado) Marcela (su novia hemoterapista, por suerte todavía no me chupó la sangre)
María Laura (Lala mi hija, licenciada en Medio ambiente, trata de no ensuciar, para no limpiarlo, pues eso implica el esfuerzo físico de trabajar.)
Carlos Luis (Carlitos, mi suegro, que lo soporto igual que a la hija, pues gracias al trabajo de ambos, me mantienen)
Y finalmente el que escribe Juan Carlos Scian (Juanqui)
A las 7.30 en la Shell de Luján teníamos que encontrar a José Luis Abad (Beduino) y Virginia su esposa que venían con la Isuzu. A las 8 hs. telefónicamente nos avisa que tuvo que desviarse por un choque en la 6, así que nos espera en el cruce de la 41 y la 7.
Allí nos dirigimos, para al fin conocernos y seguir juntos, pero como tenía un problema con un Relai, me dice que pare más adelante en alguna estación de Servicio, para comprar el repuesto.
Así lo hicimos en Carmen de Areco, y con el asesoramiento telefónico de su electricista intentamos solucionar el desperfecto; como no lo logramos, propuso que nosotros continuemos, mientras él buscaba un electricista y que a la noche no encontraría en el hotel.
Así lo hicimos, pero me quedó una gran duda… si el problema eléctrico era real, pues cuando hablé por teléfono para viajar juntos, le comenté que con Toyoloco, lo hacíamos sin parar a comer, o lo hacíamos frugalmente para no dormirnos y menos tomar alcohol, (aunque por la noche nos desquitábamos en una vinoteca exclusiva) esto lo comento, por la actitud de los dos días siguientes, nos percatamos que de haber seguido con nosotros, no podría pararse en la ruta y tomarse 2 Norton cosecha tardía al mediodía y 2 cervezas con una picada de merienda.
Al fin por la tarde nos ubicamos en el hotel y salimos a caminar por la ciudad, hasta que apareció el Gran Jefe, Osvaldo y su Paquita, el Guía Carlos Gauvron (Sicólogo, pues otro no se bancaría a semejantes especímenes haciendo una travesía) y más tarde Beduino y Virginia y así…
Juntitos… juntitos… fuimos a cenar a Lola, atendidos por Polo, (un mozo extralarge 1.48 m.) y por supuesto que al primero que atendió fue al mudo (Beduino) proveyéndole del vino dulce.
Viernes 10
Con una hora menos de la que marcaban nuestros relojes, partimos de San Luis Capital hacia la zona de La Punta, área de nuevos emprendimientos urbanísticos, set de filmación, estadio, hipódromo etc. Llegando hasta la Villa de la Quebrada donde se encuentra un Vía Crucis con figuras de tamaño casi real esculpidas en marmol de carrara, traidas de Italia.
Luego seguimos hasta Nogolí, donde antes de almorzar llegamos por un paisajístico camino de montaña hasta la hostería Posta del Cóndor.
En el almuerzo en la Estancia La Serrana (pizza y pastas) Beduino debió sufrir ante la negativa de las mozas a suministrarle vino blanco dulce, por no contarlo en la carta, pero con nuevos ímpetus emprendimos la ruta abandonada que cruza la Sierra central de San Luis desde Nogolí hasta el Dique Esteban Agüero.
Como se ve en las fotos, para sortear un par de lomos y cunetas tuvimos que palear, cargar piedras y hasta usar planchas.
Por supuesto que siempre el punta de lanza era el más atrevido, pues era el que más octanaje alcohólico tenía, y si no quien otro que Beduino.
Así encolumnados tras nuestro adalid, fuimos haciendo y deshaciendo el camino, hasta que el que suscribe, casi anocheciendo acelera más de la cuenta , sigue de largo en un lomo, se sale de la cama de piedras por nosotros armada y quedando calzado por un importante bloque bajo la caja. Allí nuevamente pala y barreta para lograr zafar y regresar contentos, sin ninguna baja a cenar con Cosecha tardía para Beduino y féminas y Santa Julia más López para los machos.
Sábado 11
Cansados del día anterior salimos a las 10 pasando por La Toma, siguiendo para La Florida, camino hacia La Carolina, que nunca llegamos.
Disfrutando del paisaje llegamos a la Estancia Las Verbenas cuyo dueño Eduardo Hrabina (hno. Del ex-futbolista) no agasajó con unas exquisitas empanadas como arranque de diversos tipos de carne, todo muy bien regado; pero aquí sí, no había vino blanco.
Luego salimos a recorrer el campo vadeando arroyos y trepando algunas estribaciones hasta la base de una antigua mina abandonada.
De regreso se hizo noche, por lo que suspendimos ir hasta La Carolina y aprovechar el tiempo para que la mayoría tomara café y Beduino repusiera fuerzas con Cerveza y picada del lechón del mediodía.
De regreso a San Luis paramos en El Volcán, donde la mayoría aprovechó para dejar lo que había tomado en las Verbenas y sin parar continuamos hasta Lola que nos esperaban con la cena de despedida y los vinos reparadores.
Domingo 12
Después del desayuno, taza… taza… cada uno para su casa, salvo Beduino que continuó viaje hacia San Rafael, Mendoza, para reaprovisionarse del vital combustible necesario para que su anatomía funcione.