CURACO

FOTOS

Participantes: 

Osvaldo y Paquita                                                 Vitara Bordó

Fernando y Vicky                                                  Toyota Bordó

 Tony y tres tripulantes                                          Toyota Blanca

Guillermo, Elcira, Mercedes y futuro yerno         Montero verde

Marcelo                                                                 Discovery Gris

Alejandro y Diego                                                 Toyota Blanca

Pampa y Atilio                                                      Vitara Blanca

Hace tiempo que le insisto a Osvaldo para hacer un poco de barro en La Pampa. Creo que no me tenía muy en cuenta porque no es muy creíble que hubiera barro suficiente que justificara hacer casi 250 Km. desde Bahía Blanca para ensuciarse en un charquito pampeano. El viernes 1-10 lo invite a él y a su banda de locos por el 4x4 a venir a pasar un domingo diferente a Pichi Mahuida, a conocer el que ahora en más será seguramente el famoso barro del Curacó. Así que el sábado por la mañana me confirma que vendrían cinco chatas que aceptaron el desafío. Los dueños del campo que atraviesa el río, la familia García Llorente, gentilmente nos facilitaron el permiso para introducirnos en su propiedad y prometieron sumarse como espectadores ya que ellos ya habían visto que ocurría allí, en mis solitarias incursiones y no querían perderse el espectáculo.

El domingo 3-10 a las 9;00 nos encontramos en Pichi Mahuida, en las adyacencias del obrador del Acueducto del Rio Colorado, que nos facilitó sus instalaciones para organizarnos y partimos hacia el puente donde el río Curacó es atravesado por la RP34. Una vez ahí bajamos al cauce semi seco hacia el norte y seguramente todos los que no conocían se preguntaban donde estaría la diversión, más allá del llamativo paisaje del desierto pampeano, ya que los primeros metros lucían duros y secos sin el famoso barro que yo prometía.

Pero el barro llegó. Pampa que supuestamente conocía el paño fue el primer encajado y a partir de ahí todos uno a uno empezaron a engañarse con el inocente barrito del Curacó. Empezaron los lingazos primero y los malacates después ya que luego que uno o dos pasaban por algún vadeo era casi obligado el quedarse: una vez que se rompe la endeble capa de barro aparentemente duro debajo hay un lodo podrido que es lo más parecido a la grasa de rulemanes y de por lo menos 30 cm de espesor o mas. A veces ni a pie podíamos acercarnos a lingar las chatas. El malacate del Pampa no quiso más y nos quedamos únicamente con el de Tony que se portó de maravillas con todos incluso con él mismo al intentar cruzar por un lugar diferente al que todos habíamos intentado.

La nota de color la puso el Pampa con el submarino Vitara Blanco que al querer pasar costeando el río por un barrial metió la trompa en el agua por encima de los faros y se inclino peligrosamente del lado izquierdo mientras las límpidas aguas del Curacó invadían el habitáculo; la presteza de Tony para el engancharlo con el malacate soluciona rápidamente el problema circunscribiéndose a esperar que se seque la alfombra y se vaya el olor a podrido. Seguimos avanzando por el cauce del río alternando encajaduras con un largo recorrido resbaloso por la margen derecha donde cada uno se lució con su estilo barrero de conducción; los cuidadosos y lentos como Osvaldo y los limados como Pampa, Alejandro y Fernando hasta que llegamos a un lugar donde había una picada a unos 50 metros pero del lado del enfrente al que circulábamos. Ahí comenzamos cruzar el río y a practicar trepadas y bajadas con cruces de ejes y ruedas en el aire hasta que nos acercamos a la picada, no sin antes con pala y hacha ir cortando pinchudos alpatacos que acechaban nuestros neumáticos. Una vez en la picada, raudo retorno al obrador para almorzar: eran las 14:30 y habíamos hecho apenas 5 Km. de cauce.

Después del almuerzo nos dirigimos a la desembocadura del Curacó en el Colorado donde nos tendió la mejor trampa: una inocente playita de arena gruesa, prácticamente se tragó a todos de una manera increíble, salvándose como siempre los que pasaron primero. Es de destacar que estuvimos como una hora para sacarlo a Fernando de un empantanamiento feroz, Al salir del cauce para retomar la ruta Tony dio un salto mortal y se le averío la tracción delantera, pero siguió igual. Cayendo la tarde volvimos al puente de la RP34 para jugar un poco en las piedras del pequeño cañón que hay hacia el sur. La estrella allí fue Marcelo con la Discovery que repechó una cuesta de casi  45° haciendo gala de la potencia  de su motor.  También Tony, que a esa altura en simple tracción se dio el gusto de darse una vueltita.

Cayendo la tarde volvimos al campamento con la satisfacción de habernos divertido mucho con un grupo de amigos excelente descubriendo un lugar muy interesante para practicar la locura del 4x4 que nos caracteriza. Seguramente volveremos.

(gentileza de PAMPA)

 

 

      

 

 

               


 


  

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