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CHOS MALAL

FOTOS

CONFLUENCIAS NEUQUINAS Y OTRAS YERBAS 

(Por Pampa)

El artículo que salió en La Nacion, “Cazando Quimeras” me animó a planear una expedición de mayor envergadura, haciendo participar a algunos amigos en una cacería a realizar en Semana Santa de 2006. 

Así es como a través del foro Puratracción, tiré una botellita en el mar para ver quien la recogía. 

El llamado dio resultados sorprendentes: Siete chatas desde distintos lugares del país, saldríamos a buscar confluencias cordilleranas en el norte neuquino, combinando la cacería virtual con travesías 4x4. 

Los objetivos, en principio serían las confluencias 37°S 71°W, cercana a Las Ovejas y la 38°S 71°W, cercana a Caviahue. Entremedio, el enlace lo haríamos, para complicar un poco y darle rienda suelta al off-road, a través de los pasos de Buta Mallín y de Lenga Malal, intentando unirlos por el cauce del arroyo Piuquenes muy próximo al límite con Chile, llegando al puesto de Gendarmería de Moncol, sobre la ruta del Paso Pichachén. 

LOS PARTICIPANTES 

Después de las habituales idas y venidas, los anotados fuimos 

Osvaldo Fá y su hijo Fernando en Vitara 
Marcelo banco y Miguel en Toyota 
Los hermanos Diaz, en Suzuki Samurai 
Gustavo e Ignacio en el Samurai Mirafiori 
Toni y su cuñado en la Toyota rabona 
Daniel Gorza e Indio en Defender 
Pampa y familia en Vitara 

JUEVES SANTO 

Desde distintos puntos y horarios confluimos varios en la ciudad de Neuquén a las 13:30 con la mala noticia que Toni había tenido problemas mecánicos en Villa Regina y entonces debió abandonar la expedición. No sólo era mala noticia por Toni, sino que nos quedábamos sin la chata más poderosa y equipada antes de empezar. 

Agrupados todos menos Marcelo Banco y los Díaz que habían salido la noche anterior y nos esperaban en algún lugar de la cordillera, repostamos combustible y comestibles en Neuquén y marchamos todos juntos hacia Chos Malal por Zapala y Las Lajas. 

Si bien no había sido mencionada durante los preparativos, el Pampa nos tenía guardada una confluencia “a la pasada” entre Las Lajas y Chos Malal para que todos pudieran hacer su respectivo bautismo de “Cazador de Confluencias”. Se trataba de la 38°S 70°W que aparecía inofensiva y nunca visitada, a unos 8 km al este de la actual ruta 40, muy cerca de la vieja traza abandonada de la misma, a la altura de Chorriaca. 

A través de GPS y Notebook, encontramos el desvío y nos fuimos aproximando por un curioso paisaje poblado de canales en “V” que bajan de la Cordillera del Salado, que ya había visto en las satelitales. Pasamos por el costado del Cerro de la Mula y allí encontramos una picada sísmica en mal estado que nos llevaba directo al objetivo. 

La encaramos y después de unas interesantes subidas carcomidas por el agua que requirieron manejar con cuidado llegamos a una colina a 500 metros de la confluencia donde se acabaron las huellas. 

Estábamos tan cerca que hubiera sido pecado mortal no ir con las chatas hasta el punto exacto: así hicieron punta el Defender de Daniel y el Samu de Gustavo y arrasando la cerrada vegetación, rápidamente bajaron la colina y se pusieron dentro de la zona de visita exitosa. Atrás fuimos Osvaldo y yo poniendo CUATRO CHATAS sobre la confluencia ¡!!!!!!!!!!!!!!. 

Habia sobre la tierra, SIETE nuevos "cazadores" de confluencias. 

Primer “disparo” con éxito total que, por lo que ví entusiasmó a todos para lo que se vendría los días siguientes. Fotos y más fotos cuando la tarde caía y el frío empezaba a hacerse sentir. 

Desandamos con cuidado nuestros pasos hasta la vieja traza de la ruta 40 y ahí decidimos que no tenía sentido retroceder más ya que la misma debía volver más al norte a la traza actual lo que parecía ser cierto según un viejo mapa del IGM. 

Y nos largamos para el norte. La tarde se comenzó a convertir en noche y la traza clara de la vieja ruta se internó en un cañadón de un río seco confundiéndose hasta desaparecer. Ahí empezó lo entretenido ya que el cauce nos alejaba cada vez más al este del asfalto sin saber muy bien hacia donde, ya que no teníamos referencia visual alguna. 

Fue fundamental el trabajo combinado del GPS y la Notebook, para ir comparando las sendas del mapa del IGM , las fotos satelitales y el mapa de Neuquén del ACA con nuestra posición y rumbo. 

Con mucha paciencia fuimos avanzando “a ciegas” por medio de las conclusiones que mi hermano Fabio propalaba a través de la radio VHF extraídas del análisis de la navegación, muchas de las veces por otros cañadones que intuitivamente no eran el camino a seguir. 

Al cabo de un buen rato, un inesperado giro abrupto hacia el sur nos puso a la vista las veloces luces de los coches que transitaban por el asfalto de la ruta 40 y finalmente nos pusimos sobre ella para enfilarle a Chos Malal. 

A esa altura Osvaldo había hecho un esporádico contacto radial con Marcelo banco que nos esperaba con un asado en el camping de Chos Malal, donde llegamos a eso de las 10 de la noche. 

Todo venía bien aunque hubiera sido mejor que el campamento lo hubiéramos hecho más arriba en la montaña para tener más tiempo diurno de travesía el viernes. 

Algunos armamos carpa y dormimos directamente y otros se fueron a dormir a un hotel, lo que daría origen al único punto de discusión de los días venideros. 

La mañana siguiente saldríamos temprano hacia Las Ovejas para internarnos en el valle del rio Buraleo con el objetivo de la aislada y difícil 37°S 71°W. 

VIERNES SANTO 

Acordamos salir a las 8:30 rumbo a la cordillera, ahora el grupo completo. No obstante yo salí un poco antes para conseguir las llaves de la tranquera que nos abriría el paso al valle del Río Buraleo, para lo cual había combinado con gente de CORFONE en Las Ovejas. 

Nos volveríamos a concentrar todos sobre la confluencia de los ríos Buraleo y Nahueve, en el camino a Las Lagunas, con los tanques llenos y con víveres suficientes. 
A través de Paco, hermano de mi gran amigo Sebastián Calvi, había conseguido el acceso por un campo de CORFONE a la zona del Buraleo. Él no estaba, pero el policía Omar Encinas y su esposa Mariela, no sólo nos concedieron el paso sino que nos acompañaron para ver como vadeábamos el Nahueve al norte del Buraleo y además nos tiraron el dato que podíamos intentar una vuelta completa, regresando por Bellavista, varios kilómetros al sur. 

Siendo casi las 12:00, vadeamos sin dificultades el río Nahueve e ingresamos en la plantaciones de pinos de CORFONE, donde multitud de picadas y cortafuegos se abrían como abanicos, lo que nos llevó a varios intentos infructuosos de avance hacia el oeste, ya que no teníamos información cartográfica tan detallada de esta parte, puesto que las plantaciones son bastante nuevas. No obstante después de varios rodeos, encontramos la salida al oeste que nos llevaría al fondo del valle del Buraleo donde acometeríamos a la ignota confluencia 37°S 71°W, seguramente a pie los últimos dos kilómetros. 
Sorteamos varios arroyos afluentes del Buraleo por una entretenida huella serpenteante y llegamos al borde del valle glaciario que lo aloja, unos 400 metros por encima del cauce. 
Allí unos cerrados caracoles que recordaban a los del cordobés Cerro Áspero, aunque con sólo 5 o 6 codos, nos iban a depositar en el fondo del valle. Los codos eran los suficientemente cerrados para tener que bajar haciendo al menos dos maniobras con las pequeñas Vitaras y un Unimog de Gendarmería nuevito despeñado unos cuantos metros más abajo nos ponía en alerta que debíamos tener cuidado al bajar. 
Si alguno necesita repuestos están a disposición ya que no creo que alguna vez intenten recuperarlo entero. Eso sí, que se apure, ya que para la semana próxima hay anunciadas nevadas y hasta el año próximo no creo que se pueda entrar hasta después del deshielo. 
Bajamos y encaramos para el oeste por una huella que a veces se desdibujaba, atravesando cauces secos que aportan al Buraleo, uno tras otro. El meridiano 71 se acercaba vertiginosamente cumpliéndose las predicciones cartográficas de oficina. 

Al llegar al mismo, se abrió a nuestros ojos hacia el norte, la quebrada del arroyo de Las Nalcas que habíamos saboreado en el Google Earth. 
Nos adentramos un poco con las chatas pero enseguida grandes piedras nos cerraron el paso. Un puestero miraba incrédulo como seis chatas caminaban por las piedras hacia ninguna parte más ágilmente que sus chivos. 

Estábamos a 1800 metros planos de la confluencia pero además había que sortear casi 400 metros de desnivel hacia arriba, ya que nosotros estábamos a 1485 msnm y la confluencia a 1900. Hasta acá llegaba el trabajo de aproximación en equipo con las chatas y ahora había que caminar y trepar. 

Esto parecía la Comunidad del Anillo del Señor de los Anillos: Ahora Frodo, es decir yo, tenía que arreglarse sólo, con los otros dos locos de las confluencias para ir a llevar el anillo, es decir el GPS, hasta la confluencia. 

Con mi hermano Fabio y mi hijo Pablito nos pertrechamos de equipo, comida y agua y nos fuimos para arriba, mientras el resto almorzaba y luego iría a hacer un reconocimiento hacia el oeste para ver si algún paso cordillerano era accesible para chatas mientras nos esperaban. Estaríamos en contacto radial por cualquier cosa. 
La subida fue larga y dura, ya que para no tener que subir con pendiente pronunciada decidimos ir subiendo suavemente por la ladera donde debía estar la confluencia. El problema es que la ladera estaba atravesada por multitud de acarreos que hacían peligroso cada cruce ya que si bien la pendiente no era muy violenta el arroyo de Las Nalcas se veía muy lejos allá abajo. 
A las dos horas estábamos a 1700 msnm y a 400 metros de la confluencia. Ahí decidimos desdoblarnos y que yo sólo intentara llegar para tener margen de luz diurna para regresar, ya que lo faltaba no se veía fácil. 

Me largué hacia arriba, con pendientes más pronunciadas y con el entusiasmo de llegar, lo que me tomó una hora y media más. Las chivas me miraban desde el filo de la montaña, no muy lejano y algún cóndor habrá pensado en un menú novedoso mientras sacaba como podía fotos al GPS y a los alrededores. Parecía Que el cículo mágico de los 100 metros no llegaba nunca. 
Habíamos logrado una difícil, al menos para mí la más difícil de las que he visitado y eso que no había considerado el descenso.
El descenso me hizo subir la adrenalina, ya que la gravedad tan difícil de vencer hacia arriba es invencible hacia abajo cuando el suelo es de acarreo. Tenía que medir cada paso para no resbalar y general un aluvión de piedras hacia abajo que no tenía idea en que podía terminar. 
Mi hermano, que tiene experiencia de montaña, desde abajo a los gritos, me iba guiando con una perspectiva mejor y dejó a Pablito a resguardo de un alero para venir a ayudarme a bajar, lo que finalmente logramos sin consecuencias. 
A partir de allí el lento descenso de los tres con las complicaciones del cruce de los acarreos en bajada, que nos hizo avanzar muy lentamente sumado al cansancio natural. 

Después de 6 horas de marcha, estábamos otra vez en el cauce del Buraleo, con la enorme satisfacción de ser el dueño de un trofeo difícil. 

El grupo había decidido no quedarse a dormir en el valle y no intentar temprano el regreso por la margen sur del Buraleo. Pintaba una noche irrepetible para pasar en plena cordillera. Insistí para convencerlos de quedarnos allí pero no tuve éxito, tal vez estaba muy cansado para ser convincente y de algún modo los había hecho esperar más de lo previsto. 

Ya estaba atardeciendo cuando empezamos a desandar el camino de ida, el cual se convirtió en una entretenida travesía nocturna. 

Volvimos a vadear el Nahueve, ahora de noche y nos fuimos para Las Ovejas para conseguir alojamiento, lo que se convirtió en una misión imposible, así que no quedó otro remedio que apuntarle a Andacollo, después de algunas discusiones acerca del cambio de criterio de alojamiento en la travesía, que puso algunos picos de tensión en el grupo. 

Mientras viajábamos hacia Andacollo, recordé haber acampado al lado del río Nahueve en Los Carrizos y me adelante para ver si el lugar aún existía. Efectivamente era así y propuse que para conformar a todos, quien quisiera acampaba allí y quien no, siguiera hacia Andacollo. Había que resolver la pequeña crisis 

El compromiso sería estar todos juntos a las 9:00 del día siguiente en la estación de servicio de Andacollo listos para encarar hacia Buta Mallín tratando de unir transversalmente con el paso de Pichachén por Moncol y Lenga Malal. 

Cuatro chatas nos quedamos acampando en Los Carrizos y dos siguieron hasta Andacollo. La noche estaba espectacular y cada uno armó su cena caliente mientras nos descorchamos unos vinos y hasta un champucito a la luz de la luna llena, a la vera del manso Nahueve. 

Estábamos en el río, pero por suerte la sangre no llegó. La solución de alojarnos separados calmó los ánimos y creo que todos quedamos conformes. 

Había que estar todos juntos para encarar el día siguiente que era el otro gran desafío.

SABADO DE GLORIA ( CASI...........) 

Los del campamento desayunamos y desarmamos lo más rapído posible para poder confluir en Andacollo de acuerdo a lo previsto. Lo propio hicieron los “hoteleros” y a las 9:00 estábamos listos para la parte final de la aventura. 
A esa altura yo había resignado la 38°S 71°W ya que implicaba mucho recorrido de enlace y la verdad que todos queríamos más off road. 

Abrir el paso transversal entre Buta mallín y Mongol era un excelente desafío. 
Cruzamos de nuevo el puente del río Neuquén rumbo a Los Miches. Hasta allí la ruta es apta para todo vehículo y muy pintoresca, sobre todo cuando se arriba a esa localidad. 
A partir de allí la huella empieza a empeorar aunque lejos de ser un recorrido off road, al menos en esta época del año. Sólo el vadeo del río Lileo y algunos atajos que hicimos por la pista del oleoducto trasandino le aportaron algo vértigo al recorrido, que paisajísticamente es espectacular, como todo el norte neuquino. No hay que engañarse, durante el invierno y buena parte del deshielo debe ser intransitable, de hecho esta temporada recién se abrió el paso a fines de diciembre. 
Después del vadeo del Lileo, tuvimos la mala ocurrencia de ponernos a jugar en un cañadón, que derivó en la rotura de un palier del Defender de Daniel; felizmente solo nos demoramos un poco para desarmar y anularlo y por otra parte esta chata siguió en triple tracción (tiene bloqueos adelante y atrás) como si nada ............... 

Llegamos a los caracoles que conducen al Paso de Buta Mallín sin encontrar resquicio para bajar hacia el sur, así que los subimos. Allí a mas de 1900 metros de altura el campo “Los Piuquenes” de CORFONE nos mostraba la huela que buscábamos. 
Antes de encarar hacia el sur, fuimos hasta el puesto de Gendarmería donde hay una ermita de la Virgen del Carmen y hasta el hito fronterizo X-19, para sacar las fotos de rigor.
Desde el Paso de Buta Mallín hasta el puesto de Gendarmería de Mongol hay unos 30 kilómetros, casi todos “off road”, siguiendo el cauce del arroyo Piuquenes. 

Ya dentro el predio de CORFONE, nos llamó la atención la enorme cantidad de pinos plantados uno por uno en esas soledades: es casi de no creer. Avanzando lentamente por una huella serpenteante cuidando de no dañar ninguno, cruzamos toda la plantación mientras descendíamos al cauce del Piuquenes para largarnos hacia el sur por el valle donde corre el mismo. Al salir de la plantación, la huella del IGM que habíamos visto en el escritorio era apenas visible y en algunos tramos: había empezado la travesía en serio. 

Primero cruzamos varios acarreos de los pequeños arroyos que dan origen al Piuquenes, que a medida que avanzábamos tenían cada vez más agua y piedras de mayor tamaño. 
El Piuquenes fue tomando forma y la huella ya era casi inexistente, cuando un primer vado nos complicó el avance. Una fuerte pendiente en bajada, piedras grandes y 30 o 40 cm de agua nos requirieron un poco de trabajo para acondicionar el paso. A esa altura el entusiasmo por abrir el paso era enorme y sino díganme a mí, que casi en bolas me metí en el agua a correr piedras. Pasamos todos pensando como lo repecharíamos si teníamos que volver. 
Seguimos un par de kilómetros más acercándonos a la confluencias del Piuquenes con el Lenga Malal. Ya habíamos avanzado casi a la mitad del recorrido cuando otro vado complicado, ahora sólo por grandes piedras detuvo nuestro avance nuevamente. 
Otra vez a laburar. Dejamos pasar primero las más equipadas para que se adelanten a ver cómo venía la mano aguas abajo, mientras Osvaldo y yo luchábamos con las pequeñas Vitaras, que finalmente pasaron. 

Las noticias que venían por radio no eran alentadoras, más que nada por el tiempo, ya que dificultades era lo que esperábamos: “Parece que más adelante el valle se encajona y no podremos pasar”. Ya eran casi las seis de la tarde y había que decidir si seguíamos con el riesgo de hacer noche en la montaña y no estar listos para el regreso el domingo temprano como todos teníamos planeado o volvíamos sobre nuestros pasos hacia Andacollo, dejando la espina clavada para otra vez. 
Con todo el dolor del alma, elegimos la segunda opción con el compromiso de volver el año próximo y abrir de una vez ese paso. 

El regreso fue lento ya que se iba haciendo de noche, a puro “trackback”. El primer vado nos entretuvo bastante porque la gravedad en subida es difícil de vencer cuando no podes tomar velocidad y el suelo se moja. 

La solución al problema fue pintoresca, aunque por sus características creo que no hay registros fotográficos: el Samu de Gustavo trepo hasta donde pudo y después TODOS los demás con una eslinga lo levantamos.... A PULSO !!!. 
Egipcios en el medio de la cordillera neuquina, no se podía creer. 
Después fue fácil, nos anclamos al Samu y todos subimos a malacate, salvo el maestro de Marcelo Banco, que hizo subir la Toyota sin ayuda externa. Había que sacarse el sombrero ante tal maniobra. 

Por si alguien se le ocurre, no subimos el primero a malacate porque no había donde anclarse o daba mucho trabajo fabricar uno. 

El regreso se convirtió en una entretenida travesía nocturna con todos los ingredientes y así, ahora velozmente, nos volvimos a Andacollo primero y a Chos Malal después, con la alegría de haber intentado algo único pero con la bronca de no haber podido completar el recorrido prestablecido. Era un Regreso casi con Gloria. 

En Chos Malal nos alojamos algunos en hotel y otros en carpa, para descansar bien para el largo camino a casa. 

Nos reunimos a cenar en un boliche de Chos Malal, festejando tres fantásticos días cordilleranos por lugares muy poco frecuentados y el inicio de un par de actividades que nos dan excusas perfectas para desarrollar nuestra pasión por el 4x4: la cacería de confluencias y la apertura de pasos cordilleranos transversales. 
Creo que entre los participantes está latente la necesidad de intentar ahora por el sur llegar hasta donde llegamos ahora. Moncol 2007 ya está en la mira. 

REGRESO EN DOMINGO 

Pampa y familia emprendimos solos el regreso a Buenos Aires y para no desentonar con los tres anteriores días, le agregamos un pizca de aventura: Desde Chos Malal hasta Colonia 25 de Mayo nos mandamos por el Neuquén Petrolero, recorriendo la ruta provincial 6, con la excusa de ahorrarnos algunos kilómetros. 

 

      

 

 

               


 


  

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